La Zona Metropolitana del Valle de México ya abarca 84 municipios y alcaldías de CDMX, Edomex, Hidalgo y Morelos. El Gobierno federal plantea coordinar el crecimiento industrial, vivienda, agua, electricidad y transporte para evitar que cada territorio siga desarrollándose por separado.
La Ciudad de México no termina donde desaparecen los letreros de una alcaldía.
Todos los días, millones de personas viven en un municipio, trabajan en otro, estudian en una entidad distinta y atraviesan límites administrativos que prácticamente desaparecen cuando uno observa cómo funciona realmente el Valle de México.
El problema es que esos límites sí existen cuando llega el momento de planear.
Agua.
Vivienda.
Carreteras.
Transporte público.
Electricidad.
Industria.
Contaminación.
Seguridad.
Durante décadas, cada gobierno ha tenido que administrar una parte de una ciudad que, en la práctica, funciona como una sola.
Ahora, el Gobierno de Claudia Sheinbaum busca cambiar esa lógica.
Durante su conferencia del 19 de agosto, la presidenta señaló que uno de los principales objetivos de la nueva estrategia metropolitana será conseguir que el crecimiento ocurra de manera ordenada y garantizando disponibilidad suficiente de agua, electricidad y movilidad.
La declaración ocurrió durante la presentación del Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar de Zapotlán, Hidalgo, un proyecto vinculado con nuevas inversiones industriales que vuelve particularmente urgente responder una pregunta:
¿qué ocurre cuando llegan fábricas, vivienda y nuevos habitantes a una región si la infraestructura necesaria no crece al mismo ritmo?
La respuesta del Gobierno federal es una planeación que deje de mirar cada municipio como si estuviera aislado.
Una ciudad que administrativamente son cuatro entidades
La Zona Metropolitana del Valle de México acaba de cambiar oficialmente de tamaño.
El Consejo de Desarrollo Metropolitano aprobó el 3 de agosto una nueva delimitación integrada por 84 municipios y alcaldías pertenecientes a cuatro entidades federativas.
La nueva composición incluye:
- las 16 alcaldías de la Ciudad de México;
- 59 municipios del Estado de México;
- ocho municipios de Hidalgo;
- y Huitzilac, Morelos.
Con esta modificación, la zona metropolitana atiende a una población cercana a 23 millones de personas.
La magnitud ayuda a explicar por qué el Gobierno federal considera insuficiente continuar resolviendo los problemas únicamente desde cada municipio.
Una persona puede vivir en Tizayuca y trabajar en Ciudad de México.
Otra puede vivir en Ecatepec y estudiar en Gustavo A. Madero.
Alguien más puede trasladarse diariamente desde Chalco hasta Iztapalapa.
Para esas personas, la frontera administrativa existe en los mapas.
Pero su viaje diario es uno solo.
Sheinbaum quiere evitar otro crecimiento sin planeación
El planteamiento de Claudia Sheinbaum parte de una preocupación conocida en el Valle de México: durante décadas, buena parte del crecimiento urbano ocurrió primero y la infraestructura llegó después.
Fraccionamientos construidos lejos de los centros de empleo.
Zonas industriales junto a desarrollos habitacionales.
Municipios donde aumentó rápidamente la población sin una expansión equivalente del transporte público.
Nuevos asentamientos en regiones con presión sobre los acuíferos.
Vialidades utilizadas por cantidades de vehículos muy superiores a aquellas para las que fueron diseñadas.
El gobernador de Hidalgo, Julio Menchaca, reconoció durante la presentación del proyecto de Zapotlán que en distintos momentos el crecimiento ocurrió sin suficiente planeación, incluyendo zonas industriales que terminaron mezclándose con áreas habitacionales.
La nueva estrategia intenta actuar antes.
Sheinbaum explicó que la Sedatu coordina el ordenamiento y que los lineamientos metropolitanos deberán fortalecerse mediante los instrumentos estatales y municipales.
Eso significa que un nuevo desarrollo industrial no debería analizarse únicamente en función del terreno disponible.
También tendría que preguntarse:
¿De dónde llegará el agua?
¿Existe suficiente capacidad eléctrica?
¿Cómo llegarán los trabajadores?
¿Dónde vivirán?
¿Qué carreteras utilizarán?
¿Qué impacto tendrá sobre el ambiente?
¿Habrá transporte público?
La idea parece elemental.
En una metrópoli de esta dimensión, coordinar todas esas respuestas es considerablemente más complicado.
El nuevo programa sustituirá una planeación que viene de 1998
Uno de los cambios más importantes es la actualización del Programa de Ordenación de la Zona Metropolitana del Valle de México, conocido como POZMVM.
El instrumento anterior fue publicado en 1998.
Desde entonces cambió prácticamente todo.
Crecieron los municipios periféricos.
Aparecieron nuevos corredores industriales.
Cambió la red de transporte.
Se construyó el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.
El estrés hídrico adquirió una dimensión mucho mayor.
La crisis climática aumentó riesgos de inundaciones, sequías y temperaturas extremas.
Y las conexiones entre CDMX, Edomex e Hidalgo se volvieron todavía más intensas.
Por eso, en 2025 la Sedatu y los gobiernos metropolitanos comenzaron formalmente la elaboración de un nuevo programa.
El 3 de agosto de 2026, el Consejo Metropolitano aprobó en lo general el proyecto para llevarlo a consulta pública antes de su aprobación definitiva.
¿Qué pretende ordenar realmente?
La propia Sedatu explica que el POZMVM busca establecer recomendaciones sobre cómo debería crecer y organizarse la metrópoli mediante coordinación entre los gobiernos.
El documento aborda temas como:
protección ambiental;
recursos hídricos;
uso del suelo;
movilidad y transporte público;
seguridad vial;
agua y drenaje;
residuos;
gestión de riesgos;
infraestructura;
vivienda;
equipamiento urbano;
y conservación del patrimonio natural y cultural.
Esto permite entender mejor el concepto de “poner orden” utilizado en la discusión pública.
No significa redibujar toda la ciudad desde una oficina federal.
Implica generar una visión compartida para que decisiones tomadas en un estado no produzcan problemas que después tenga que resolver otro.
El agua será probablemente el mayor desafío
De todos los temas metropolitanos, pocos muestran con tanta claridad la necesidad de coordinación como el agua.
La cuenca no respeta fronteras políticas.
Tampoco los acuíferos.
Una decisión relacionada con urbanización, bosques o extracción de agua en una zona puede tener consecuencias en otras regiones del Valle.
Clara Brugada ha insistido precisamente en que la gobernanza hídrica debe ser metropolitana porque las distintas entidades comparten cuenca, lluvia, acuíferos y zonas de recarga.
La nueva delimitación incorpora incluso a Huitzilac, Morelos, un territorio ambientalmente relevante por su relación con áreas forestales y zonas de captación de agua vinculadas con Morelos y la Ciudad de México.
En este punto, ordenar el crecimiento implica también decidir dónde no debería crecer indiscriminadamente la mancha urbana.
Un desarrollo puede generar empleos.
Pero si se instala en una zona donde no existe disponibilidad de agua suficiente, el costo termina apareciendo después.
Electricidad: la otra infraestructura que no se ve hasta que falta
Sheinbaum colocó también el suministro eléctrico entre las condiciones que deberán garantizarse antes de impulsar nuevos polos de crecimiento.
La cuestión adquiere especial importancia con la llegada de nuevas industrias.
Una fábrica puede requerir una capacidad eléctrica considerablemente superior a la de un desarrollo habitacional.
Si alrededor de ella crecen además viviendas, comercios y servicios, la demanda aumenta todavía más.
Planear industria sin infraestructura energética puede convertirse en un límite para la inversión.
Por eso el ordenamiento metropolitano intenta vincular el desarrollo económico con las condiciones materiales necesarias para sostenerlo.
Zapotlán muestra por qué el tema es urgente
La discusión apareció este miércoles precisamente durante la presentación del Polo de Desarrollo de Zapotlán, Hidalgo.
El Gobierno federal informó que el proyecto contempla una inversión inicial de 10 mil 106 millones de pesos y que los proyectos identificados alrededor del polo suman alrededor de 147 mil millones de pesos.
Una inversión de esa escala puede transformar rápidamente la dinámica territorial.
Puede atraer empresas.
Trabajadores.
Proveedores.
Vivienda.
Servicios.
Transporte de carga.
Y nuevas necesidades de infraestructura.
Por eso Sheinbaum vinculó el desarrollo del polo con el ordenamiento del Valle de México.
El objetivo declarado es que la expansión económica no repita el patrón donde primero aparece el crecimiento y después los gobiernos intentan resolver sus consecuencias.
Movilidad: millones cruzan fronteras sin darse cuenta
El transporte es probablemente el ejemplo cotidiano más evidente de que el Valle de México ya funciona como una sola región.
Clara Brugada informó durante la reunión metropolitana del 3 de agosto que más de un millón de trabajadores y más de 270 mil estudiantes realizan desplazamientos metropolitanos. Las cifras fueron presentadas por su Gobierno para dimensionar la movilidad entre territorios.
El problema es que los sistemas no siempre fueron diseñados como una sola red.
Metro.
Metrobús.
Mexibús.
Mexicable.
Tren Suburbano.
Trolebús.
Autobuses concesionados.
Transportes municipales.
Cada uno responde a autoridades, tarifas y modelos de operación diferentes.
Por eso Brugada ha propuesto avanzar hacia un Plan Metropolitano de Movilidad y Acción Climática y una integración más profunda del transporte público.
Ya existen ejemplos de proyectos que cruzan fronteras administrativas, como el Trolebús que conecta Chalco con Santa Martha y las conexiones ferroviarias vinculadas con el AIFA.
La nueva planeación busca que ese tipo de infraestructura deje de pensarse como excepción.
Contaminación: respirar el mismo aire obliga a coordinarse
La calidad del aire es otro problema que vuelve irrelevantes las fronteras políticas.
Una emisión producida en un municipio mexiquense puede desplazarse hacia la Ciudad de México.
Un incendio o quema puede afectar a distintas zonas del Valle.
El tráfico generado en una entidad puede terminar contribuyendo a emisiones en otra.
En mayo de 2026, Semarnat, CDMX y Estado de México instalaron trabajos técnicos conjuntos para definir medidas destinadas a mejorar la calidad del aire metropolitana.
La reunión analizó acciones sobre transporte, emisiones y otras fuentes contaminantes, bajo la premisa de evitar respuestas fragmentadas.
El nuevo programa metropolitano busca incorporar esa misma lógica a la planeación territorial.
Seguridad también empieza a verse como un asunto metropolitano
La coordinación propuesta va más allá de infraestructura.
Clara Brugada planteó el 3 de agosto avanzar hacia una Policía Metropolitana y destacó el desarrollo de un C5 Metropolitano para compartir inteligencia y coordinar operaciones entre distintas entidades.
Su planteamiento parte de un problema práctico.
Una persona puede cometer un delito en una entidad y cruzar otra jurisdicción unos minutos después.
Las fronteras administrativas que separan policías no existen para quien utiliza una autopista o avenida para desplazarse.
Brugada también propuso incorporar una visión metropolitana en la búsqueda de personas desaparecidas y en las estrategias de seguridad y construcción de paz.
Estas propuestas todavía requerirían desarrollo jurídico e institucional; no equivalen a que actualmente exista una sola policía para toda la metrópoli.
Morelos entra por primera vez a esta nueva delimitación
Uno de los cambios más llamativos es la incorporación formal de Huitzilac.
Con ello, Morelos entra a la delimitación actual del Valle de México y su Gobierno se incorpora al Consejo de Desarrollo Metropolitano.
La decisión tiene una lógica ambiental y territorial.
Huitzilac se encuentra en una zona estratégica por su conexión con ecosistemas y áreas de captación de agua que trascienden las fronteras estatales.
El cambio muestra además que la expansión de la metrópoli ya no puede entenderse solamente como una relación entre CDMX y Edomex.
Hidalgo tiene cada vez mayor peso.
Y ahora Morelos entra formalmente en el modelo de coordinación.
Hidalgo pasa de un municipio a ocho
Hidalgo también incrementó significativamente su presencia.
Además de Tizayuca, la nueva delimitación incorpora Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Tepeji del Río, Tlaxcoapan, Tolcayuca, Tula de Allende y Villa de Tezontepec.
La expansión refleja el crecimiento de las conexiones económicas, industriales y habitacionales hacia el norte del Valle.
El desarrollo del AIFA, nuevos corredores industriales y el futuro fortalecimiento de las conexiones ferroviarias aumentan todavía más esa integración.
Menchaca señaló que la incorporación de los municipios permitirá planear de manera conjunta temas de vivienda, industria y transporte.
Pero el nuevo programa no podrá imponerlo todo
Aquí existe una precisión importante.
El Programa de Ordenación Metropolitano no sustituirá los programas municipales ni estatales de desarrollo urbano.
Tampoco funcionará como un nuevo mapa de zonificación predio por predio.
No creará nuevas leyes.
No asignará por sí mismo presupuestos específicos para obras.
Y tampoco será un fondo de financiamiento.
Su función será generar lineamientos, recomendaciones y acuerdos metropolitanos que después tendrán que traducirse en decisiones de las autoridades correspondientes.
Esa diferencia es fundamental.
El Gobierno federal puede impulsar coordinación.
Pero México mantiene un sistema federal donde estados y municipios conservan facultades propias.
El verdadero éxito dependerá entonces de la capacidad política para conseguir que decenas de gobiernos actúen bajo objetivos compatibles.
Ese puede ser también el mayor riesgo
Crear un documento metropolitano es relativamente sencillo comparado con aplicarlo.
La ZMVM incluye cuatro gobiernos estatales, 59 municipios mexiquenses, ocho hidalguenses, 16 alcaldías y un municipio morelense.
A eso se suman dependencias federales, organismos de agua, autoridades ambientales, empresas públicas, instituciones de transporte y gobiernos municipales.
Cada uno tiene presupuesto, prioridades y tiempos distintos.
Por eso Clara Brugada ha insistido en construir instituciones metropolitanas capaces de trascender los periodos de los gobiernos actuales.
La prueba será conseguir que la coordinación continúe aunque cambien gobernadores, alcaldes o partidos.
Ya existe una estructura para intentar hacerlo
El proceso no empezó esta semana.
Desde 2025, Sedatu y los cuatro gobiernos han realizado trabajos para actualizar el programa.
De acuerdo con información presentada por la dependencia federal en agosto, se llevaron a cabo 175 reuniones con enlaces estatales, 24 talleres participativos con más de 2 mil 300 personas, 17 recorridos territoriales y decenas de reuniones técnicas para construir el documento base.
Además, se desarrolla un proceso de consulta indígena vinculado con comunidades ubicadas dentro de la región metropolitana.
El proyecto se encuentra actualmente abierto a participación ciudadana mediante el portal de Sedatu.
Esto significa que la nueva planeación todavía no está cerrada.
Un Valle de México que pesa en todo el país
La importancia del proyecto también es económica.
El Gobierno de la Ciudad de México estima que la Zona Metropolitana concentra alrededor de 17% de la población nacional y 28% del Producto Interno Bruto del país.
Brugada ha utilizado esas cifras para defender que los problemas metropolitanos no pueden considerarse únicamente asuntos locales.
Si el transporte se paraliza en una zona con esta actividad económica, el impacto se extiende.
Si falta agua, afecta hogares y empresas.
Si la energía no alcanza para nuevos corredores industriales, limita inversiones.
Si los trabajadores necesitan invertir varias horas para llegar a sus empleos, disminuye calidad de vida y productividad.
En ese sentido, ordenar el Valle de México también es política económica.
La apuesta de Sheinbaum: crecer sin repetir errores
La frase utilizada este miércoles por Claudia Sheinbaum resume el objetivo:
crecimiento ordenado con suficiente agua, electricidad y movilidad.
La idea responde a un patrón que México conoce demasiado bien.
Cuando el desarrollo urbano ocurre sin planeación, los costos aparecen después.
Más tráfico.
Menor disponibilidad de agua.
Viajes más largos.
Asentamientos en zonas de riesgo.
Contaminación.
Infraestructura insuficiente.
Conflictos entre áreas industriales y habitacionales.
La nueva estrategia intenta invertir el orden.
Primero determinar qué necesita una región.
Después decidir cómo puede crecer.
El desafío será convertir coordinación en resultados
En el papel, existe ahora una oportunidad poco común.
Claudia Sheinbaum gobierna desde la Federación.
Clara Brugada encabeza la Ciudad de México.
Delfina Gómez gobierna el Estado de México.
Julio Menchaca está al frente de Hidalgo.
Margarita González Saravia gobierna Morelos.
Los cinco gobiernos han participado en la construcción de la nueva estrategia metropolitana y el Consejo aprobó por unanimidad los acuerdos principales de agosto.
Esa coincidencia política puede facilitar acuerdos que históricamente resultaban más complicados.
Pero no garantiza los resultados.
Falta convertir el programa en decisiones.
Construir transporte.
Asegurar infraestructura hídrica.
Ampliar redes eléctricas.
Proteger bosques.
Coordinar vivienda e industria.
Y conseguir que los municipios respeten criterios comunes aun cuando existan presiones inmobiliarias o económicas locales.
El Valle de México lleva décadas funcionando como una sola ciudad en la vida cotidiana.
La novedad es que los gobiernos están intentando planearlo de la misma manera.
El objetivo de Sheinbaum no es frenar el crecimiento de la metrópoli, sino evitar que cada nueva vivienda, fábrica o desarrollo vuelva a construirse sin preguntarse primero de dónde saldrán el agua, la electricidad y el transporte que necesitarán sus habitantes.
Si la coordinación funciona, la nueva delimitación de 84 municipios y alcaldías podría ser algo más que otra modificación en un mapa.
Podría convertirse en el primer paso para que una de las metrópolis más grandes del continente comience finalmente a planearse como lo que ya es desde hace mucho tiempo:
una sola ciudad que cruza cuatro entidades.
Con información de Chilango, Presidencia de la República, Sedatu y Gobierno de la Ciudad de México.
